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Los colores que no pueden faltar en el armario esta primavera

La primavera está aquí: el aumento de las temperaturas obliga a cambiar de ropa. Y aunque todavía habrá algunos días en que el frío haga acto de presencia, sin duda es hora de refrescar la ropa en el vestidor y guardar la mayoría de las prendas de invierno para el próximo año.

Llegó la hora del entretiempo, de blusas y vestidos ligeros, jeans con jerséis de canalé y cárdigans con faldas midi. También es el momento en el que una gran mayoría aprovecha para darse un capricho para los próximos meses. Y aquí es donde surge la gran duda, qué colores serán los más populares en los próximos meses.

No es ninguna novedad que en primavera los tonos más invernales como el burdeos, el visón, el gris y el negro se van haciendo menos visibles (aunque en este último caso también se podría decir que es un color comodín, válido durante los doce meses del año). Por otro lado, los colores neutros beige y blanco van cobrando protagonismo de forma muy sutil.

Desde el punto de vista de los expertos que se ocupan de las próximas tendencias, algunas no pueden faltar, tal y como explica el estilista Jesús Reyes. «El primer color tendencia para este año 2023, como Pantone ya ha marcado meses atrás, es Viva Magenta: un tono muy favorecedor, tanto para pieles claras como para pieles más oscuras, elegante, sofisticado y muy fácil de combinar con otras paletas de colores opuestos o para complementar”, dice.

Pero también apunta que será una temporada en la que volverá a los básicos que triunfaron a finales de los 90, como los tonos potentes. «Mis otras combinaciones favoritas de colores de tendencia para 2023 son sin duda los ‘color block’, que vuelven con más fuerza que nunca para esta colección primavera-verano 23, como ya lució la celebrity Naty Abascal o como lo hemos visto recientemente en las pasarelas a través de las propuestas de empresas como Lola Casademunt».

Añade que “la combinación de tonos primarios como el rojo y el azul combinados con otros secundarios como el morado también serán gran parte de los protagonistas”. Como novedad respecto a la pasada primavera, hace referencia al auge de los colores metalizados en todas sus formas y combinaciones como el marrón y el negro o el blanco roto con camel.

Además de las observaciones de Reyes, una mirada a las pasarelas de las principales semanas de la moda revela otros tonos que auguran una época colorida y muy alegre. Y, como se ve en las pasarelas, tras varios años de pandemia, durante los cuales hubo restricciones en todos los ámbitos de la vida, ha llegado el momento de volver, sin miedo ni arrepentimiento, a la máxima expresión de sentimientos y estados de ánimo. Por ello, los tonos que no deben faltar se clasifican de la siguiente manera:

• Morado: de morado a morado o violeta. Una paleta de colores asociada habitualmente a looks más transgresores, mientras que en las últimas semanas de la moda firmas con trasfondos más clásicos, como Burberry o Chanel, han apostado fuerte por ellos. También se ha visto en las propuestas de Victoria Beckham o Gucci.

• Verde: Se ha dejado ver en todas sus variantes en colecciones tan dispares como Gucci, Dries Van Noten o Balmain. La mayoría de marcas lo proponen con raso, lentejuelas o transparencias; convirtiéndolo en uno de los aliados más poderosos para la noche.

• Naranjas: significan alegría, fuerza y ​​salud. Además de ser muy favorecedor tanto para rubias como para morenas. Estuvieron muy presentes en los desfiles de Bottega Veneta y Carolina Herrera.

• Pasteles: Versace o Stella McCartney han dejado paso a ellos (y no es la primera vez), lo que deja claro que tanto los complementos como los “total looks” estarán muy presentes.




Coronavirus y falta de sexo: Cinco cosas que le pasan a tu cuerpo cuando no tienes relaciones sexuales

mujer hoy.

La pandemia nos ha cambiado la vida… Y el sexo también. Durante el parto, los juguetes sexuales eran muy vendidos, al igual que el papel higiénico (no tanto, pero te haces una idea). También aprendimos cuáles son.
posiciones sexuales seguras con el coronavirus. Sin embargo, el distanciamiento social y la nueva normalidad requerirán (muchas) relaciones sexuales, especialmente para las personas sin pareja estable).

A medida que las aplicaciones de coqueteo se quemaron durante la cuarentena, el sexting se convirtió en una práctica popular para aquellos que tienen pareja pero están confinados en casas separadas, o aquellos que ocasionalmente buscan sexo sin salir de casa (o sin dejar entrar a nadie). El sexo virtual y la masturbación serán dos prácticas clave para quienes no tienen una pareja sexual estable. Por el contrario, muchas personas lo piensan dos o tres veces antes de salir con alguien que no conocen o tener encuentros sexuales con extraños. Debido a esto, muchas personas encontrarán que su actividad sexual ha disminuido significativamente.

¿Y cuáles son las consecuencias? Algunos se manifiestan en nuestros cuerpos y mentes. El cuerpo humano está programado para beneficiarse y disfrutar del sexo. Los abrazos, los abrazos y los orgasmos hacen que el cerebro produzca más oxitocina, dopamina y serotonina, sustancias que inducen sentimientos de bienestar.

El cuerpo es sabio y se adapta a las circunstancias, pero varios estudios apuntan a que los cambios se producen en ausencia de sexo.

Aquí hay cinco de los posibles cambios:

Mayor susceptibilidad a enfermedades.

Los médicos señalan que cuando dejas de tener relaciones sexuales, tu sistema inmunológico se debilita. Como resultado, es más probable que se enferme, principalmente por resfriados e infecciones.

Las paredes vaginales se debilitan

Tener relaciones sexuales es como una forma de ejercicio para tu vagina, por lo que la falta de ellas alienta a tus tejidos a romper el hábito de relajarse. Para evitar esto, puedes hacer ejercicios de Kegel.

aumentar el estrés

Es posible que te sientas más ansioso porque las hormonas que te hacen sentir bien y que se producen durante las relaciones sexuales están disminuyendo.

Disminuye la libido

Después de un tiempo de no tener sexo, dejarás de desearlo. La libido disminuye por lo que ya no tienes ganas de tener relaciones. Esto sucede porque el cuerpo amortigua la respuesta hormonal a la excitación.

el corazón podría sufrir

Una buena vida sexual está fuertemente relacionada con la salud cardiovascular, y entrar en abstinencia elimina ese impulso hormonal y aeróbico. Esto no significa que vaya a tener una convulsión, pero su corazón podría verse mínimamente afectado.

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Fin de semana lluvioso, frío… ¿Falta de amor? Si el otoño te empuja a buscar pareja para esconderte debajo de una manta, no hay duda: practicas el cuffing (y no lo sabes)

Llegan las tardes en las que quieres acurrucarte con una manta, sentarte frente al televisor y ver comedias románticas mientras comes palomitas. Son las tardes en las que quieres sentirte seguro, acompañado, protegido… y en pareja. Los anglosajones llamaron a este fenómeno estacional: cuffing, del inglés cuff, esposa. Define el momento de las parejas que se forman en otoño y se rompen en primavera. No combinan a la perfección, pero te ayudan a no quedarte solo frente a la chimenea.

Acuñado en 2011 en Urban Dictionary, el término es adoptado por las redes con tanto entusiasmo como un nuevo socio. El hashtag #cuffingseason en Instagram tiene más de 170.300 publicaciones. Jay Z le dedicó una lista de reproducción y la cantante Lizzo convirtió su canción navideña Never Felt Like Christmas en un himno conmovedor. Según Google Trends, es uno de los más buscados cuando baja la temperatura.

Durante el otoño y el invierno, nos sentimos solos y pensamos que es mejor delegar esa responsabilidad en otra persona.

Pero, ¿es realmente más difícil estar soltero en invierno que en verano? Los datos empíricos no abundan y no parece haber ninguna teoría biológica o psicológica sólida detrás de ellos. Es cierto que la gente se reúne menos, los días cortos pueden provocar sentimientos de soledad o incluso depresión. Además, con la Navidad a la vuelta de la esquina, es una época de presiones familiares (“¿Vas a llevar a alguien a casa?”), comerciales, cine y comerciales. Tampoco es casualidad que surja en el tiempo del amor líquido, desatado, efímero. La investigadora y coach estadounidense Marisa T. Cohen, experta en relaciones de pareja, lo compara con la “hibernación de los animales”.

“¡Nos encanta nombrar cualquier cosa que no sea la pareja tradicional!”, dice la escritora Montaña Vázquez, autora del reciente Match. Cómo encontrar un socio en el posmodernismo (Editorial Alienta). “En otoño e invierno salimos menos, hace frío, oscurece antes y pasamos más tiempo con nosotros mismos y lo que conlleva. Nos sentimos solos y pensamos que lo mejor es delegar esa responsabilidad en otra persona”, admite.

Una imagen de la colección Otoño/Invierno 2020-21 de Sézane. /

DR

Sin embargo, Vázquez cree que este tipo de síndrome es la señal de un cambio más profundo. “Lo que esperamos de nuestras relaciones ha cambiado mucho del amor romántico basado en una sola pareja para toda la vida. Las relaciones de hoy se caracterizan por la inmediatez y el miedo a forjar conexiones duraderas”. Ella lo llama “obsolescencia programada” en su ensayo. “Internet ha democratizado el universo de las relaciones, pero también ha banalizado el concepto del amor. Queremos el amor verdadero, pero no trabajamos hacia ese objetivo. Preferimos las relaciones fugaces a los apegos”, reflexiona.

El apareamiento por miedo a la soledad invernal es por tanto otra forma de relación en una sociedad de consumo y no es de extrañar que traiga un respiro en unos meses, pero no porque esté planificado. “El enemigo del amor no es el odio, sino el miedo”, prosigue Vázquez. El miedo engendra desesperación. Querer formar una pareja a partir de una carencia, de una necesidad, solo nos permitirá encontrar personas desfavorecidas y necesitadas”.

Estas relaciones urgentes les siguen afectando más. “Las mujeres en particular enfrentan el estigma de la soledad, como si fueran inherentemente incompletas”, explica la filósofa francesa Claire Marin, autora de Rupturas (Alienta Editorial). “La ruptura no se vive mejor hoy que hace unas décadas, pero es menos estigmatizante. Sin embargo, para quien lo vive, nunca es banal”, subraya.

Para el psicólogo Joan Garriga, estar atado es una señal de que nos cuesta vincularnos más que de estar solos. “Es una versión utilitaria y consumista de la pareja. Vivimos en un apogeo del individuo. Lo más importante no es tanto tener pareja como saber ser pareja”, asegura.