A medida que pasan los días, se revelan más detalles de una de las operaciones militares más audaces ejecutadas por Estados Unidos en América Latina: la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro. La intervención, denominada «Resolución Absoluta», combinó un masivo despliegue aéreo con más de 150 aeronaves, la precisión de la unidad de élite Delta Force y la coordinación de agencias de inteligencia. Sin embargo, el éxito pivotó sobre un elemento clave: la infiltración de un alto funcionario del régimen, reclutado por la CIA, quien actuó como la pieza maestra del operativo.
Según información confirmada por The New York Times y analistas de inteligencia, este ‘topo’ –cuya identidad aún es objeto de especulaciones– proporcionó datos cruciales durante meses, permitiendo rastrear los patrones de vida, movimientos y ubicaciones exactas de Maduro y su esposa, Cilia Flores. La información culminó con su localización en una instalación militar cercana a Caracas, donde fueron interceptados por fuerzas especiales antes de que pudieran refugiarse en un búnker. Su traslado inmediato a Nueva York marcó el inicio del juicio por narcoterrorismo impulsado por la fiscal federal Pam Bondi.
La sombra de una traición interna: ¿Delcy Rodríguez, la presidenta interina?
Aunque las fuentes oficiales no han confirmado la identidad del informante, expertos en inteligencia como el analista Martín Rodil apuntan directamente a Delcy Rodríguez, la actual presidenta interina de Venezuela. En declaraciones a la periodista Nitu Pérez Osuna, Rodil afirmó que Rodríguez «traicionó a Maduro… fue la pieza clave para ubicarlo; es ella quien lo entrega. Por eso se queda temporalmente en el poder». Esta teoría sugiere una negociación con la CIA, posiblemente incluyendo inmunidad o un exilio acordado para ella y su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, quienes enfrentarían riesgos legales en Estados Unidos.
Meses de preparación, ensayos y una recompensa millonaria
La operación, calificada por fuentes de Reuters como una de las más complejas ejecutadas por Estados Unidos en años, se planificó meticulosamente desde agosto. Un equipo reducido de la CIA se desplegó en terreno para recopilar inteligencia sobre los hábitos del dictador, desde su residencia y viajes hasta su vestimenta y mascotas. Según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE. UU., esta monitorización exhaustiva hizo que la captura final fuera «sencilla».
El incentivo económico también jugó un rol: exfuncionarios estadounidenses revelaron al NYT que Washington ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por información que llevara a la captura de Maduro, un monto que pudo haber motivado la decisión del infiltrado.
Los cargos: narcoterrorismo y una sentencia que podría ser perpetua
Maduro y su esposa enfrentan cuatro cargos federales en Nueva York, incluyendo conspiración para distribuir cocaína con fines terroristas, importación ilegal de drogas y uso de armas de alto calibre en operaciones criminales. Se les acusa de coordinar con grupos como el cartel Tren de Aragua –designado organización narcoterrorista– y de utilizar instalaciones costeras del régimen para el embarque de cargamentos de droga. De ser declarados culpables, las penas podrían ascender a décadas de prisión o cadena perpetua.
La audiencia inicial de este lunes en la Corte Federal de Manhattan no solo formalizará los cargos, sino que marcará el primer paso judicial hacia la rendición de cuentas de una dictadura que, según la inteligencia estadounidense, convirtió al Estado en una plataforma del narcotráfico global.


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