Fue durante el primer trimestre de 2019. Paula Urenda recuerda ese momento. Después de más de quince años como gerente general en el Diario Financiero y por el contacto de un head hunter, surgió la posibilidad de llegar a la Cámara Chilena de la Construcción (CChC). Lo habló durante un tiempo con socios de la Cámara y, sobre todo, con su familia.
–Ese día llegué y se lo conté a mis hijos. Les expliqué que sería como cambiarse de colegio, pero en otro idioma. También les dije que es como el primer tiempo de un partido de fútbol, e implicaría menos tiempo para ellos. Y necesitaba tanto que se sintieran partícipes de esto, que fueron los primeros a los que les conté y agradezco que no se enteraron por otro lado.
Cada vez que habla de sus hijos, mira unos segundos su escritorio. A un costado, fotos familiares y recuerdos. Antes que ejecutiva, e incluso pareja, es, recalca, por sobre todo madre. “Son lo más importante que tengo en la vida, y debo incorporarlos en las decisiones que pueden afectarles”, dice.
Un mundo desconocido
Son cerca de las 12.00 horas de un día jueves y Paula Urenda, en el cargo desde abril de 2019, admite que ha sido un período complicado. Veía la construcción como un mundo lejano y ni en el retail o en los medios de comunicación interactuó con empresarios del sector. No conocía nada más que las grúas que veía en la calle o desde la ventana de su casa. La imagen que tenía, eso sí, era la de un área muy importante para la economía local y una muy preocupada por la seguridad de su gente.
Era un mundo que, de acuerdo a los estereotipos, no parecía ser de mujeres, pero enfrentó otra realidad al visitar por primera vez una obra. Más allá de la imagen cliché de un trabajador de la construcción, dice que conoció a hombres y mujeres muy cercanos, cariñosos y simpáticos. Sin piropos de por medio.
Al encontrarse con su mismo género, las preguntas fueron claras. ¿Cómo las tratan los hombres? ¿Se sienten como una amenaza?
–Lo bonito fue darse cuenta que, a pesar que una mujer requiere de más esfuerzo por llegar a un cargo de capataz o jefe de obra, son muy respetadas. La obra se transforma en una segunda casa y ahí se forma una red de protección entre ellos– asegura la ingeniera comercial.
Con el tiempo comenzó a motivarse, a trabajar más horas de forma desinteresada y quiso conocer más de su área social y el impacto que generaba. Urenda asegura que son el segundo sector, después del Estado, que más invierte en programas sociales en el país, con una red de entidades en varios ámbitos, focalizados en salud, formación y atención social.
Meses después enfrentó las consecuencias del estallido social y luego, con la pandemia, la paralización de las obras. Una de las primeras medidas que tomaron como CChC declarada la emergencia sanitaria, fue lanzar un protocolo Covid-19, al que tenían que adherir todas las empresas, socias o no, para poder funcionar. No quisieron quedarse ahí y decidieron implementar un modelo de gestión sanitario en todas las zonas de trabajo: lanzaron una aplicación donde las empresas podían hacer un seguimiento y trazabilidad de sus trabajadores y habilitaron un canal de denuncia, para fiscalizar todas las instalaciones junto a los ciudadanos.


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